lunes, 3 de diciembre de 2012

Cineclub de Antropología histórica, una invitación a la crítica constructiva de las modernidades.


Por David Pablo Cruz Daza


En la línea de investigación de Identidad y Tradición, perteneciente a la carrera de Antropología Histórica de la Universidad Veracruzana, se hace reflexión antropológica a partir de la noción de “Identidad” como un objeto evanescente, en incesante trasformación, un proceso histórico que se desenvuelve dentro de la dialéctica del auto-reconocimiento con el hetero-reconocimiento, por medio de las imágenes generadas con las distintas representaciones culturales que todos los actores sociales expresan de múltiples maneras. Y que puede advertirse desde una perspectiva focalizada en la existencia de un solo individuo, o bien de un grupo social.
Dentro del devenir de las sociedades modernas en el tiempo, pueden encontrarse infinidad de representaciones que sus integrantes reproducen, desde tradiciones antiquísimas como ciertos rituales agrícolas, hasta las modas tendencistas del vestido que se sustituyen cada tres meses. Asimismo podemos avistar metarrelatos, o expresiones simbólicas que conjuntan los rasgos generalizados que caracterizan a uno, o varios contextos de la vida humana. El cine es uno de los ejemplos más claros de este tipo de metarrelatos de las modernidades, pues en el contenido de cada filme quedan representadas, a grandes rasgos, las imágenes que permiten el juego de reconocimiento recíproco que da forma a las identidades.
El Cineclub de Antropología Histórica, pretende exponer obras del séptimo arte con temas que permitan pensar las identidades en relación con los procesos históricos que se pueden encontrar en las distintas modernidades, especialmente en el tiempo-espacio propios; El “colonialismo en América Latina” por ejemplo. Procurando así la reflexión, y discusión de los temas expuestos en las cintas, tanto por parte de los asistentes (público en general), como de los mismos integrantes del cineclub.


Por otra parte, la Antropología Histórica percibe a la Cultura, y no sólo a las identidades allí contenidas, como un objeto de estudio, o constructo social, que se encuentra en un estado constante de transfiguración; es decir, como una estructura de símbolos que están siendo constantemente creados, reproducidos u olvidados. De tal forma que las maneras de aplicación de las tesis arrojadas a partir de tal concepto de Cultura, como sucede con el cineclub, buscan vincularse con grupos sociales para contribuir a resolver sus problemas, pero siempre tomando en cuenta que estos tienden a transformarse en otros.
Los miembros de la línea de Identidad y Tradición pretendemos colaborar a solucionar una problemática que nos envuelve a nosotros mismos como sujetos sociales: la falta de ideas para alcanzar una relativa estabilidad en el bienestar común de la ciudadanía mexicana, quienes nos hallamos en una situación de crisis económico-social, rezagada por las políticas neoliberales que nuestros gobiernos insisten en retomar.
Pues bien, un proyecto como el Cineclub de Antropología Histórica funciona a manera de política cultural que la carrera emplea no sólo para difundir conocimientos, sino también para generar otros nuevos. Así que se plantea como objetivo la retroalimentación entre los presentadores y los espectadores de las películas, en una búsqueda por contribuir a la formación de una sociedad (xalapeña) más crítica, razonadora y exigente.
Por supuesto que tampoco se hace la suposición de que únicamente el ejercicio de la reflexión, a través de la exposición de los filmes y tesis de antropología histórica, dejando las ideas en el aire, sea una medida idónea para hacer una colaboración significativa con un objetivo tan ambicioso. Por el contrario, como parte de las actividades del cineclub, también se opta por aterrizar y compartir públicamente los resultados obtenidos, por medio de la participación en foros de ciencias sociales, o bien con la producción de textos que se divulgan en diversos espacios.


Finalmente, retomando de nueva cuenta la idea de que la Cultura es una estructura sujeta al cambio, debido a infinitos factores histórico-sociales, cabe resaltar que la más prudente manera en que el antropólogo histórico puede acercarse a sus objetos de estudio es: tomando en cuenta que su propia identidad constituye uno de esos factores, y procurando incidir en ello a partir de una determinada ética. No se puede arrancar una flor sin perturbar una estrella.
Con todo, una cadena de símbolos, comprendida en un acontecimiento, un discurso, un metarrelato, etc. puede influir tan enérgicamente en la conciencia de las personas que cambie su manera de percibir la realidad en que viven, y la manera habitual en que se presentan (representan) ante esta, e incluso influir en el surgimiento de procesos que cambien el comportamiento de grupos sociales enteros, y en una de esas hasta dar pie a la producción de la utopía, cuestión que parece ser sumamente necesaria en esta etapa tan decadente que atraviesan las sociedades modernas. 

Mundo nuevo, nueva fe



Por David Pablo Cruz Daza


La fe no sólo mueve montañas, también funda sociedades.

Cuando llegaron los conquistadores españoles al territorio mexicano, e implantaron nuevas creencias religiosas entre los pobladores nativos, todas sus tradiciones y costumbres sufrieron diversas transformaciones; un proceso de mestizaje simbólico se inició. El choque cultural entre ambos mundos provocó que se mezclaran elementos católicos con las formas de culto a la muerte mesoamericanas, lo que permitió la supervivencia de algunas de estas últimas.

Clifford Geertz (p.89) formula un concepto de religión donde se le describe como “Un sistema de símbolos que obra para establecer vigorosos, permanentes y duraderos estados anímicos y motivaciones en los hombres, formulando concepciones de un orden general de existencia y revistiendo estas concepciones con una aureola de efectividad tal que los estados anímicos y motivaciones parezcan de un realismo único”. Desde ahí se hace compresible como es que elementos culturales tan subversivos y antagónicos a las creencias europeas pudieron subsistir hasta nuestros días, y con tanta fuerza; debido a que los símbolos sagrados son agentes que determinan el sentir de las personas, y se integran profundamente dentro de su ideología, lo cual fortalece la resistencia a abandonar sus prácticas y creencias; ¿quién no querría resistirse a dejar de convivir con sus seres queridos fallecidos?

Por otro lado, partiendo también de las ideas de Geertz (p. 91 y 92), se hace referencia a la religión como un sistema simbólico que tiene la facultad de fungir como modelo de, un arquetipo instructivo a partir del cual es posible la producción de otras doctrinas religiosas. Así puede explicarse como una religión con las características del cristianismo tiene tantas variantes, dependiendo del contexto en que se manifieste, pues en cada una de las culturas en las que se asienta han sucedido procesos de mestizaje, intercambios de símbolos y signos sagrados, como sucedió durante la conquista de México. Recuérdese, por ejemplo, la gran influencia árabe que transformó el catolicismo en España durante el medioevo.

Otra de las teorías que pueden ayudar a comprender la naturaleza de la singular religiosidad mexicana, y por supuesto la concepción de la muerte que aquí se retoma, es la de Émile Durkheim. Este autor expone, entre otras cosas, que la religión es un aspecto cultural, un sistema autónomo de creencias relativas a lo sagrado, que cumple la función de coaccionar a los individuos en grupos sociales (G. Filoramo, p. 383 y 384). Esto pone en evidencia que, en parte, las doctrinas religiosas en esta nación son tan distintas a las de Europa debido a que a que las creencias paganas persistentes eran, y siguen siendo, aspectos muy significativos para la integración de los individuos en grupos sociales, generando un sentido de identidad colectiva.
A grandes rasgos, el cristianismo en México está constituido por caracteres que devienen de múltiples religiones, de diversas culturas, que funcionan para unir en uno solo a los grupos que se mezclaron para engendrar la gran familia mestiza que ahora ocupa el país: el catolicismo romano, por una parte, las religiones de los pueblos prehispánicos, por otra, así como la influencia árabe, cuya prueba más fehaciente es el culto a la Virgen de Guadalupe, y la herencia de creencias de los grupos africanos que fueron traídos como esclavos, lo cual se hizo más evidente en otros países como Cuba y Brasil.

La película “Nuevo Mundo”, de Garbriel Retes, resulta en una excelente metáfora que ejemplifica cómo se fue moldeando la religiosidad en México a partir de la colonia, en un proceso histórico que permitió la aceptación, o interiorización, de las formas culturales sagradas de una región extranjera y antagónica en las mentalidades novohispanas, conformando la llamada “conquista espiritual”; tema muy recurrido en otros tantos filmes con la temática del “colonialismo en América Latina”, algunos de los cuales ya hemos contemplado dentro de este proyecto de cineclub.

Así, en esta obra específicamente, se hace referencia al surgimiento de uno de los símbolos más significativos de la identidad nacional mexicana durante prácticamente toda su existencia: “La virgen de Guadalupe”. De tal manera, se ejemplifica cómo aquél personaje que deviene de la doctrina católica se presta, en aspectos significativos, para camuflarse con las características de “Nonatzin”, un personaje de suma importancia en los cánones religiosos de las culturas mesoamericanas. Entonces puede advertirse la forma en que ese tipo de coincidencias fungen como argamasa que facilita la mezcla de ciertos rasgos culturales, y dando origen a que otros nuevos se manifiesten.
Hoy en día, la imagen de la Virgen de Guadalupe, debido a la gran trayectoria histórica en la que se ha visto involucrada, es una de las más reproducidas en el país, tanto que ha sido llamada como la “patrona de México”. El culto guadalupano sin duda es el más recurrente en la vida cotidiana de los mexicanos, de los cuales más del 90% practican la religión católica. Por si fuera poco, tal imagen ha sido también un símbolo de resistencia, que se popularizó exponencialmente desde que en la Guerra de independencia Miguel Hidalgo la empleó como estandarte. A pesar de que el Estado Mexicano contemporáneo se asume como laico, esta imagen continúa representando un patrimonio nacional.

Filmografía:

Título: Nuevo Mundo
Director: Gabriel Retes (MEX)
Año: 1978
Tema: El contexto y el perfil de los personajes que se vieron involucrados en el creación del mito de Guadalupe



sábado, 27 de octubre de 2012

LA SANTA MODERNIDAD



LA SANTA MODERNIDAD

Hun García Cabral


El modo de vida moderno tiene dos niveles; el posible o potencial y el actual o efectivo, uno como un conjunto de ideas y concepciones del mundo en que nos desarrollamos y otro como una serie de proyectos e intentos históricos que tienen una incidencia directa en la realidad. El proceso colonial que se vivió en América a finales del siglo XVI es el germen del modo de vida moderno que se dio en México.
Este proceso colonial está caracterizado por un acomodo entre los diferentes proyectos civilizatorios que chocan. Por un lado la fe cristiana llevaba años de práctica en adoctrinamientos de infieles por medio de dos niveles; precisamente uno ideológico y otro coercitivo o directo, por un lado, la idea de un dios verdadero, la salvación, y un universo complejo de significaciones servía de discurso justificante de dominio y si acaso este no era eficiente se justificaba el uso violento de la fuerza con la intención de dar un mensaje directo a los demás. Este recurso fue ampliamente utilizado por la corona española para fincar sus brazos colonialistas sobre el recién descubierto continente
Se sabe que la conquista en México fue ampliamente ideológica, espiritual se llega a decir, se habla de una predisposición natural a recibir la palabra de dios y es verdad, en parte, pero también es verdad la inmensa persecución de “idolatría” que llevo a cabo la iglesia en donde los castigos terminaban en la pena de muerte.

QUEMA DE HEREJES,
En 1535 el rey Carlos de España I, firma el nombramiento del primer virrey de la nueva España: Antonio de Mendoza, bajo su gobierno se consolida la autoridad española sobre el mundo mexicano, lo que da origen a lo que podría llamarse sociedad hispanoamericana.
A partir de este momento se empiezan idear planes de gobierno para la población americana, como la supresión de ordenanzas o las llamada leyes nuevas en 1542, que tienen la intención de moldear o asentar un sistema de reproducción social que permita a los conquistadores europeos mantener el control sobre las riquezas.
En 1571 se establece en la ciudad de México Tenochtitlan el tribunal del santo oficio, encargado de perseguir y castigar a grupos e individuos que renegaran de la fe católica. Entre sus disposiciones estaban: que el secreto de los testigos fuera inviolable (no se podía conocer a los acusadores), se recibieran las denuncias de padres contra hijos y de hijos contra padres, que en un corto periodo de gracia los acusados se denunciaran a sí mismos y abjuraran de sus errores, que se implementara el tormento y por último la confiscación de bienes como castigo. Se calcula que se pronunciaron 51 sentencias de muerte en los 242 años en los que funciono en México el santo oficio. Este audiencia es el equivalente del papel que desempeño la santa inquisición en la Europa medieval, la que intentaba y logro borrar rastro de expresiones religiosas diferentes al dogma cristiano, a veces castigaba pequeñas acciones como practicas “mágicas” por parte de brujas o hechiceros o, a veces justificaban verdaderas empresas de conquistas como las cruzadas.
La santa inquisición fue administrada por frailes dominicos encargados de resguardar y defender la fe cristiana asi como de enjuiciar a posibles disidentes; el juicio y  quema de brujas, los cuartos de tortura, son parte de las imágenes que nos transmite ese periodo y en México no fue muy diferente.
Este aparato represor de la iglesia tiene características particulares en México y persigue, además de rastros de idolatría en indios, religiones que veían en el nuevo mundo un lugar de promesas divinas como la judía o la musulmana, el ataque a estos grupos es más abundante que el castigo de idolatrías por parte de mexicanos.

SANTO OFICIO
El santo oficio con un  guion de Emilio Carballido y dirigida por Arturo Ripsten está basado en un hecho real que nos cuenta la historia de Luis de Carvajal, practicante de la ley de moisés que comienza una doble vida después de abjurar falsamente de su fe ante el santo oficio.
Por medio de este film nos es posible ver los mecanismos que el santo oficio despliega para mantener bajo control las insubordinaciones de otras religiones.
Tema poco abordado en México la colonia nos parece una época oscura llena de recovecos y callejones sin salida pero este tipo de trabajos nos aclara la visión y nos permite imaginar estos sucesos.
Las cortes generales o extraordinarias que declararon la abolición de la inquisición se dictaron  el 8 de diciembre de 1812, durante las guerras de independencia, sin embargo siguió funcionando y quedo definitivamente abolida hasta 1820.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Reflexión sobre Barroco de Paul Leduc, como se interpreta y mezcla con la vida actual



Cine Club de Antropología Histórica

Colonialismo en América Latina

Modernidad y Tradición


Reflexión sobre Barroco de Paul Leduc, como se interpreta y mezcla con la vida actual

En la película Barroco (1989) de Paul Leduc, es interesante observar como se trata a través de la imagen, la música y el baile de transmitir la evolución y transculturación que se dio desde la llegada de los españoles a suelo americano hasta el presente del film. Los diálogos se encuentran totalmente ausentes y la trama argumental se va tejiendo a través de los tres personajes que recorren todo el film que son: un indígena mexicano, un joven mestizo y un hombre negro africano. Los tres representan a los grupos sociales reprimidos que dieron forma a la identidad americana con el contacto europeo. Sin duda, ellos son los que sentaron las bases y conformaron una cultura propia, luego de pasar siglos adaptándose a las exigencias del mundo europeo para no desaparecer.
Este último dato se puede notar al final del film, que representa el siglo XX. Allí encontramos como música de los carnavales la cubana -transculturación que se da a través del contacto de las culturas indígenas y negras- se puede hablar de una fiesta cultural “propia”. Es interesante observar que aquí, el americano que había ido a Europa vuelve –después de padecer la locura de la guerra civil española- como un turista y que el europeo visita estas tierras también como tal. Ya no nos hayamos con aquel europeo conquistador que viene a imponer su cultura y a llevarse sus riquezas, sino que pasa por tierras americanas con el sólo objetivo de disfrutar de sus costumbres y sus fiestas. La cultura y creencias ya no parecen estar en una disputa acérrima como en el período que va del siglo XV al XVIII, sino que ya hay una aceptación de la cultura y la identidad latinoamericana.
Pero para llegar a aquello no hay que olvidar que lo que presenta el siglo XX, es una identidad que se desarrolló a lo largo de un gran proceso, en el cual hubo apropiaciones, perdidas, reconquistas, fusiones, separaciones, en fin, procesos de territorialización, desterritorialización y reterritorialización. La cultura latinoamericana es un hibridismo, un mestizaje, una mixtura entre lo indígena, lo europeo y lo africano, en ella no hay una sola identidad, un solo hombre americano, sino varios, múltiples y eso se nota muy bien en el proceso que va mostrando la película.
Primero tenemos el intento de los españoles por imponer su cultura y su religión; luego, los africanos burlándose, turbando, parodiando al señor con su música de tambores encima del “Barbero de Sevilla” y también manteniendo sus ritos de iniciación e incluyendo en ellos al pequeño mestizo. Después, podemos ver que los españoles tampoco pueden hablar de pureza cultural puesto que su cultura tiene una importantísima influencia del mundo árabe y gitano-¿de dónde proviene el flamenco, pues? Luego se puede presenciar la influencia en la nueva era de la cultura norteamericana a través de la aparición del museo de seda donde tenemos imágenes de Marx y Superman, entre otros. Finalmente, la vuelta a la nueva América retrata al europeo como turista.
Y en medio, un sinfín de manifestaciones musicales : música de concheros, marchas mestizas, danzas renacentistas, cantos rituales indígenas, música montañesa de Galicia, tamborileros del sureste mexicano, sones huastecos, plegarias cristianas en náhuatl, boleros, canciones sefarditas, la Nueva Trova Cubana, lied alemán (en versión original y a ritmo de danzón) Rossini en versiones diversas, un “rap” asombrosamente actualizado, música ceremonial hindú, saetas andaluzas, cantos de la resistencia italiana, francesa y española, coros de Verdi, guitarra flamenca, tonadas de “músic hall”, música de feria, batería de cocina, “chansons” francesas, música de Jean Philippe Rameau, la “canción mixteca” y la presencia fundamental de las arias de Vivaldi y de un fragmento (puesto en escena) del “Montezuma” de Graun, ópera que por cierto fue recién estrenada en México, tiempo después de que Leduc hubiera concluido el montaje de “Barroco”.
Esa enumeración no es un simple alarde, sino más bien una muestra de la amplitud del proyecto en cuanto a sus contornos auténticamente multiculturales. Esos contornos se definen con mayor claridad en aquellas secuencias en las que determinada música es presentada en arreglo o versión que la acerca a una cultura distinta de la original. ¿Hacia dónde apunta esta asombrosa “mélange” musical? Probablemente a reforzar la que parece ser la idea central de Leduc en “Barroco” presentar un complejo tejido de imágenes y sonidos que intentan, sin teorizar, poner de relieve las contradicciones inherentes a esa nueva Torre de Babel en que se convirtió nuestro continente después de las múltiples y repetidas conquistas, que en la visión de Leduc incluyen, evidentemente, otras muchas además de las de Cortés y Pizarro.
Otro elemento fundamental en “Barroco” es la reiteración del ritual como centro del discurso cinematográfico; prácticamente todas la música que es tomada en la película, sirve de soporte a rituales diversos, a ceremonias de origen múltiple con los que Leduc alude al animal humano gregario que se reúne con sus semejantes para pedir, iniciar, advertir, subyugar, excitar, divertir, conquistar, utilizando música y danza, hipnosis al fin, como elemento de comunicación social.
El film es, realmente, rico desde la imagen y la música, dos factores que constituyen una fuerte fuente de narración que no precisa de diálogos – las únicas palabras son las cantadas-, nada hablado interrumpe la armonía de la película. Es una obra de arte que nos muestra un mundo sobrecargado de ornamentación, de oro, de juegos de espejos, donde es difícil saber cuál es la cara real, donde lo que se repite se distorsiona (un ejemplo, la magia indígena o africana representa el culto, los sagrado, mientras que por el lado de los colonizadores españoles no es más que un ardid para la conquista); puestas casi teatrales de baile; luces sobrecargadas; repetición de elementos que crean simbolismos que interconectan las épocas (las cartas, los relojes); un mundo en donde lo profano y lo sagrado conviven, se fusionan y se rechazan; un mundo de unión, guerra, amor, muerte y revoluciones; un mundo de música variada, de varias culturas… un mundo barroco.

Dirigida por: Paul Leduc
Basada en la novela de: Alejo Carpentier
Escrita por: José Joaquín Blanco
Pais: España, Cuba, Mexico
Idioma: Español
Género: ningún género definido
Color: Color
Sonido: Dolby SR
Duracion: 115 minutos
Año: 1989


Bersal del Carmen Villegas Camposeco
Antropología Histórica

La conquista de lo otro




Antonio Montiel
Cineclub Antropología Histórica
La conquista de lo otro
Europa como centro del mundo ha impuesto de manera determinante el discurso civilizatorio, excluyendo a las formas de vida existentes que no han podido moldearse a ella. La idea eurocéntrica ha permitido la expansión material e ideológica de la producción cultural europea, permeando históricamente a los grupos no occidentales. Las formas distintivas en la significación del mundo y de significarse así mismo siempre han quedado expuestas a un conflicto, a una lucha histórica interminable que ha logrado la unificación y la reproducción de las diferencias identitarias.
Un mar ha separado dos mundos ajenos en la significación de su naturaleza, dos mundos que al mismo tiempo han sido viejos, pero que, no han podido desarrollarse paralelamente en la historia global y ante la supremacía capitalista del hombre blanco uno ha quedado inferior a otro, por lo tanto hemos estructurado nuestra mentalidad al ver a Europa como el primer y viejo mundo, y a América como el nuevo mundo donde se ha instaurado el nuevo sistema mercantil, civilizatorio y cultural europeo, destruyendo y recreando a manera de sometimiento lo pre-europeo.
La otra conquista” de Salvador Carrasco pone en evidencia el discurso civilizatorio Europeo sobre lo indígena. La supremacía bélica española sometió a las culturas prehispánicas obligándolas a reproducir su vida a la usanza europea, el mestizaje cultural fue un arduo proceso en donde las formas identitarias superiores –europeas− estructuraron a las inferiores –indígenas−, para crear nuevas formas culturales que habían dejado de ser lo que antes eran para introducirse históricamente a un nuevo mundo.
El peso instrumental capitalista en el doble discurso de la conquista de México, pone en evidencia la expansión económica europea y el medio para alcanzar dicho fin material. En el nombre de la supremacía del Dios blanco se jugó la santa encomienda de repartir la riqueza entre los blancos y de llevar la civilización al nuevo mundo.
En 1521 Topiltzin, un indio descendiente directo de Moctezuma nota la importancia de preservar la memoria de su pueblo ante las amenazas de los barbaros (españoles) al arrebatarles sus dioses, su historia y principalmente su vida a cambio de un dios y un rey a quien seguir. La otra conquista, la conquista no material, la conquista ideológica que recae en la idea del espíritu y la significación del mundo y la naturaleza, fue el paso decisivo para el contacto de dos mundos y mediador entre lo indígena y español. La asimilación de Nonatzin (nuestra madre) y de la Virgen María por los indígenas hizo posible que en mundos distintos pudiera converger un punto similar de significación de lo no humano; la unificación de estas deidades femeninas en una sola logró la concreción de las diversidades identitarias y de cosmogonías opuestas, una totalmente estructurada a partir de la producción y cosecha del maíz y la otra orientada a las practicas mercantiles y de acumulación del capital.
Filmografía:
La otra conquista
Salvador Carrasco (MEX)
1998
Visión de la conquista espiritual en Mesoamérica.
Choque y acomodo de proyectos.


¿Qué hacer con la libertad? A propósito de “La última cena” de Tomas G. Alea.




¿Qué hacer con la libertad? A propósito de “La última cena” de Tomás G. Alea.
Por David Pablo Cruz Daza


Una de las características de la etapa modernizadora que se manifestó en América Latina durante el siglo XIX, fue que los dueños de los sistemas de reproducción de capital, clérigos y burgueses, comenzaron a liberar a sus esclavos, de la mano de los procesos de independencia que comenzaron a experimentar la mayoría de los países que comprende tal territorio.
Por una parte, la difusión de las ideas producidas por los grandes filósofos de la ilustración, incitaban a aquellos hombres que carecían de libertad a luchar por la independencia de sus pueblos, y a algunos otros, que sí eran libres, a solidarizarse con los esclavos. Por otra parte, el aceleramiento de los procesos de producción material, que permitió la revolución industrial, demandaba que los dueños de las empresas adquirieran mano de obra en mayores cantidades, y la mejor manera de costearle era liberando a sus esclavos para contratarlos como obreros; es más barato pagarle un salario mínimo a un obrero que solventar los gastos de la vivienda y alimentación para un esclavo.
A este respecto, Marx menciona que en la modernidad, el régimen capitalista que controla gran parte de los procesos de producción que hacen posible la reproducción de la vida humana (social) en el mundo, los obreros son seres humanos que no gozan de la plenitud de su vida, de su libertad, pues están sometidos históricamente a cumplir con las órdenes (las razones) de otros, de sus patrones, dueños de los procesos de producción.
La película “la última cena” del director cubano Tomas G Alea expone tales problemáticas, que suceden al nivel existencial cuando un un hombre, o un grupo de hombres en una sociedad esclavista, la Cuba colonial en este caso, se ponen a reflexionar sobre las condiciones en que viven; se formulan las preguntas a las que Kant refiere como características de los seres humanos, manifestando su libre albedrío: ¿Qué es el hombre?, ¿Qué puedo esperar?, ¿Qué puedo saber?, ¿Qué debo hacer?
Bibliografía:
  • Juan Manuel Silva Camarena, 1986: Cuarto esquema: Kant, en: Juan Manuel Silva Camarena, 1986: Autognosis. Esquemas fundamentales de la filosofía del hombre, México, Editora de Letras, Ideas e Imágenes.
  • Juan Manuel Silva Camarena, 1986: Cuarto esquema: Sexto esquema: Marx, en: Juan Manuel Silva Camarena, 1986: Autognosis. Esquemas fundamentales de la filosofía del hombre, México, Editora de Letras, Ideas e Imágenes.
Filmografía:
Título: La ultima cena
Director: Tomás G Alea (CUBA)
1976
Tema: Colonialismo en Cuba

jueves, 6 de septiembre de 2012

QUEIMADA. A PROPÓSITO DE LOS INTERESES QUE IMPULSAN LAS MODERNIDADES





QUEIMADA. A PROPÓSITO DE LOS INTERESES QUE IMPULSAN LAS MODERNIDADES

David Pablo Cruz Daza

Cineclub de Antropología Histórica

La realidad que hoy en día vivimos los latinoamericanos es el resultado de un proceso histórico muy complejo, el origen de nuestras formas de vida surge con el encuentro entre culturas, durante la llamada época colonial, que se fusionaron a pesar de tener incontables características antagónicas. Diversos eventos violentos moldearon nuestras sociedades, pero especialmente uno sigue transformando el contexto latinoamericano: la modernidad.

Entiéndase por “modernidad” al proceso civilizatorio que comenzó a forjarse en Europa al finalizar el medioevo (siglos XV y XVI), con la aparición de la burguesía como nueva clase social dominante, se consolidó a partir del siglo XVIII con la revolución industrial, y se ha expandido en la mayoría de las sociedades de todo el orbe hasta nuestros días. Proceso que hasta ahora comprende el objetivo capitalista (la reproducción de la escasez para acumular incesantemente capital económico, una búsqueda perpetua de la abundancia) como motor del progreso humano. Aunque, si bien el capitalismo es por naturaliza moderno, la modernidad no tiene por qué ser necesariamente capitalista, lo que sucede es que trágicamente, por su naturaleza cambiante-progresista, la modernidad -menciona Bolívar Echeverría- “...ha existido solamente como una revolución de las fuerzas productivas marcada por la vía histórica capitalista que se vio obligada a seguir”.

Percibamos a la modernidad no sólo en términos de innovación, sino de cambio incesante, cambio que es invención pero también re-invención, reciclaje de formas de vida. De esta suerte en la modernidad se manifiestan fenómenos que son de larga duración, y que han persistido en todos los grupos sociales desde el surgimiento de las civilizaciones prístinas. Así como elementos culturales que no pretenden la innovación, aunque tampoco se oponen a la transformación, como las tradiciones.

Hablar de la modernidad en América latina, es referirse también a las tradiciones que sus pueblos practican. Puede apreciarse una férrea resistencia de los modelos de reproducción social tradicionalistas ante las agresiones del sistema capitalista, comprendida desde los primeros días en que los españoles pisaron tierras americanas. Evidentemente, al principio esa violencia fue de manera física (aunque en ocasiones aún ahora lo es), y posteriormente ha prevalecido una violencia simbólica, definida por Pierre Bourdieu como un tipo de agresión que se ejerce en el plano de lo representacional, de lo semiótico.

Muchos eventos, positivos y negativos han resultado de aquel proceso. Por una parte, podemos hallar la producción de tecnologías eficaces, grandes avances médicos, un excelente desarrollo gastronómico, agradables representaciones estéticas, etc. Y por otra, encontramos resultados contraproducentes como la contaminación de nichos ecológicos, extinción de especies, lucha de clases, guerras mundiales, pobreza extrema, crisis de identidad1, entre otras cosas.

La película “Queimada”, del director Gillo Pontecorvo, retoma esa problemática. Contextualizada en una isla caribeña a principios del siglo XIX, durante su proceso de independencia ante la corona portuguesa, esta obra pone de relieve que los intereses de los actores que intervienen en el proceso de formación de una nación (individuos nativos y extranjeros, clases sociales, otros países, etc.) son agentes definitivos para el curso que ha de tomar su destino. Es preciso ser cautos con el tipo de fuerza que impulse al cambio de régimen en un país, a caso los intereses que producen tal fuerza pueden después volverse en contra de dicha nación.

En este particular caso, aparecen tres naciones involucradas en el proceso de independencia de Queimada: Portugal, Gran Bretaña, y la misma Queimada, cada una con intereses propios (económicos, progresistas, religiosos, colonialistas, humanistas, libertarios, con respecto al territorio, etc.). Puede apreciarse, sin embargo, que ideales similares definen los procesos de independencia de otras naciones latinoamericanas.

La película sugiere temas que encajan con la realidad contemporánea de las formas de vida en América Latina, cuales invitan a preguntarse cuestiones como ¿Dejar de ser esclavos nos convierte en hombres libres? ¿Cuáles son los intereses de los grupos que están a cargo del gobierno de mi país? ¿Qué rumbo sería el más conveniente seguir de acuerdo a la forma de vida de los latinoamericanos? Pues cómo menciona José Dolores (protagonista de la película) “Es mejor saber dónde ir y no saber cómo se va... que saber cómo se va sin saber adónde…”
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1 Según Gilberto Giménez, la identidad puede ser entendida como la subjetivación que los individuos hacen sobre su cultura, desde una perspectiva que repara en las distinciones de las cosas. A partir del imaginario que los actores sociales tienen sobre sí mismos, y sobre el resto de los objetos, se construyen las identidades. la identidad del ente social no es una condición dada e inamovible, sino una construcción que se va dando conforme al auto y heterorreconocimiento. Cuanto mayor sean las relaciones sociales de un actor social, más fortificada y compleja será su identidad personal. Además de que se puede pertenecer a diversas esferas sociales, aunque la identificación con estas puede variar entre lo débil y lo recio, se puede ser militante o simple miembro conformista del grupo. Ante la aparición de fenómenos que ponen en riesgo los elementos representativos que permiten el auto y heterorreconocimiento, surgen crisis identitarias.


Quemada!
TÍTULO ORIGINAL Queimada!
AÑO 1969
DURACIÓN 112 min.
PAÍS Italia
DIRECTOR Gillo Pontecorvo
GUIÓN Franco Solinas, Giorgio Arlorio, Gillo Pontecorvo
MÚSICA Ennio Morricone
FOTOGRAFÍA Giuseppe Bruzzolini, Marcello Gatti
REPARTO Marlon Brando, Evaristo Márquez, Renato Salvatori, Norman Hill, Tom Lyons, Carlo Palmucci, Giampiero Albertini, Dana Ghia
PRODUCTORA Coproducción Italia-Francia; Produzioni Europee Associates / Les Productions Artistes Associes
GÉNERO Drama | Esclavitud. Siglo XIX. Colonialismo
SINOPSIS William Walker, un agente inglés, es enviado a Queimada, isla imaginaria del Caribe, para fomentar una revuelta contra los portugueses. Sin embargo, el objetivo de esta operación no es apoyar la independencia de los nativos, sino que Inglaterra sustituya a Portugal como potencia colonialista.