lunes, 3 de diciembre de 2012

Cineclub de Antropología histórica, una invitación a la crítica constructiva de las modernidades.


Por David Pablo Cruz Daza


En la línea de investigación de Identidad y Tradición, perteneciente a la carrera de Antropología Histórica de la Universidad Veracruzana, se hace reflexión antropológica a partir de la noción de “Identidad” como un objeto evanescente, en incesante trasformación, un proceso histórico que se desenvuelve dentro de la dialéctica del auto-reconocimiento con el hetero-reconocimiento, por medio de las imágenes generadas con las distintas representaciones culturales que todos los actores sociales expresan de múltiples maneras. Y que puede advertirse desde una perspectiva focalizada en la existencia de un solo individuo, o bien de un grupo social.
Dentro del devenir de las sociedades modernas en el tiempo, pueden encontrarse infinidad de representaciones que sus integrantes reproducen, desde tradiciones antiquísimas como ciertos rituales agrícolas, hasta las modas tendencistas del vestido que se sustituyen cada tres meses. Asimismo podemos avistar metarrelatos, o expresiones simbólicas que conjuntan los rasgos generalizados que caracterizan a uno, o varios contextos de la vida humana. El cine es uno de los ejemplos más claros de este tipo de metarrelatos de las modernidades, pues en el contenido de cada filme quedan representadas, a grandes rasgos, las imágenes que permiten el juego de reconocimiento recíproco que da forma a las identidades.
El Cineclub de Antropología Histórica, pretende exponer obras del séptimo arte con temas que permitan pensar las identidades en relación con los procesos históricos que se pueden encontrar en las distintas modernidades, especialmente en el tiempo-espacio propios; El “colonialismo en América Latina” por ejemplo. Procurando así la reflexión, y discusión de los temas expuestos en las cintas, tanto por parte de los asistentes (público en general), como de los mismos integrantes del cineclub.


Por otra parte, la Antropología Histórica percibe a la Cultura, y no sólo a las identidades allí contenidas, como un objeto de estudio, o constructo social, que se encuentra en un estado constante de transfiguración; es decir, como una estructura de símbolos que están siendo constantemente creados, reproducidos u olvidados. De tal forma que las maneras de aplicación de las tesis arrojadas a partir de tal concepto de Cultura, como sucede con el cineclub, buscan vincularse con grupos sociales para contribuir a resolver sus problemas, pero siempre tomando en cuenta que estos tienden a transformarse en otros.
Los miembros de la línea de Identidad y Tradición pretendemos colaborar a solucionar una problemática que nos envuelve a nosotros mismos como sujetos sociales: la falta de ideas para alcanzar una relativa estabilidad en el bienestar común de la ciudadanía mexicana, quienes nos hallamos en una situación de crisis económico-social, rezagada por las políticas neoliberales que nuestros gobiernos insisten en retomar.
Pues bien, un proyecto como el Cineclub de Antropología Histórica funciona a manera de política cultural que la carrera emplea no sólo para difundir conocimientos, sino también para generar otros nuevos. Así que se plantea como objetivo la retroalimentación entre los presentadores y los espectadores de las películas, en una búsqueda por contribuir a la formación de una sociedad (xalapeña) más crítica, razonadora y exigente.
Por supuesto que tampoco se hace la suposición de que únicamente el ejercicio de la reflexión, a través de la exposición de los filmes y tesis de antropología histórica, dejando las ideas en el aire, sea una medida idónea para hacer una colaboración significativa con un objetivo tan ambicioso. Por el contrario, como parte de las actividades del cineclub, también se opta por aterrizar y compartir públicamente los resultados obtenidos, por medio de la participación en foros de ciencias sociales, o bien con la producción de textos que se divulgan en diversos espacios.


Finalmente, retomando de nueva cuenta la idea de que la Cultura es una estructura sujeta al cambio, debido a infinitos factores histórico-sociales, cabe resaltar que la más prudente manera en que el antropólogo histórico puede acercarse a sus objetos de estudio es: tomando en cuenta que su propia identidad constituye uno de esos factores, y procurando incidir en ello a partir de una determinada ética. No se puede arrancar una flor sin perturbar una estrella.
Con todo, una cadena de símbolos, comprendida en un acontecimiento, un discurso, un metarrelato, etc. puede influir tan enérgicamente en la conciencia de las personas que cambie su manera de percibir la realidad en que viven, y la manera habitual en que se presentan (representan) ante esta, e incluso influir en el surgimiento de procesos que cambien el comportamiento de grupos sociales enteros, y en una de esas hasta dar pie a la producción de la utopía, cuestión que parece ser sumamente necesaria en esta etapa tan decadente que atraviesan las sociedades modernas. 

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