Por David Pablo Cruz Daza
En la línea de
investigación de Identidad y Tradición, perteneciente a la carrera
de Antropología Histórica de la Universidad Veracruzana, se hace
reflexión antropológica a partir de la noción de “Identidad”
como un objeto evanescente, en incesante trasformación, un proceso
histórico que se desenvuelve dentro de la dialéctica del
auto-reconocimiento con el hetero-reconocimiento, por medio de las
imágenes generadas con las distintas representaciones culturales que
todos los actores sociales expresan de múltiples maneras. Y que
puede advertirse desde una perspectiva focalizada en la existencia de
un solo individuo, o bien de un grupo social.
Dentro del devenir de las
sociedades modernas en el tiempo, pueden encontrarse infinidad de
representaciones que sus integrantes reproducen, desde tradiciones
antiquísimas como ciertos rituales agrícolas, hasta las modas
tendencistas del vestido que se sustituyen cada tres meses. Asimismo
podemos avistar metarrelatos, o expresiones simbólicas que conjuntan
los rasgos generalizados que caracterizan a uno, o varios contextos
de la vida humana. El cine es uno de los ejemplos más claros de este
tipo de metarrelatos de las modernidades, pues en el contenido de
cada filme quedan representadas, a grandes rasgos, las imágenes que
permiten el juego de reconocimiento recíproco que da forma a las
identidades.
El Cineclub de
Antropología Histórica, pretende exponer obras del séptimo arte
con temas que permitan pensar las identidades en relación con los
procesos históricos que se pueden encontrar en las distintas
modernidades, especialmente en el tiempo-espacio propios; El
“colonialismo en América Latina” por ejemplo. Procurando así la
reflexión, y discusión de los temas expuestos en las cintas, tanto
por parte de los asistentes (público en general), como de los mismos
integrantes del cineclub.
Por otra parte, la
Antropología Histórica percibe a la Cultura, y no sólo a las
identidades allí contenidas, como un objeto de estudio, o constructo
social, que se encuentra en un estado constante de transfiguración;
es decir, como una estructura de símbolos que están siendo
constantemente creados, reproducidos u olvidados. De tal forma que
las maneras de aplicación de las tesis arrojadas a partir de tal
concepto de Cultura, como sucede con el cineclub, buscan vincularse
con grupos sociales para contribuir a resolver sus problemas, pero
siempre tomando en cuenta que estos tienden a transformarse en otros.
Los miembros de la línea
de Identidad y Tradición pretendemos colaborar a solucionar una
problemática que nos envuelve a nosotros mismos como sujetos
sociales: la falta de ideas para alcanzar una relativa estabilidad en
el bienestar común de la ciudadanía mexicana, quienes nos hallamos
en una situación de crisis económico-social, rezagada por las
políticas neoliberales que nuestros gobiernos insisten en retomar.
Pues bien, un proyecto
como el Cineclub de Antropología Histórica funciona a manera de
política cultural que la carrera emplea no sólo para difundir
conocimientos, sino también para generar otros nuevos. Así que se
plantea como objetivo la retroalimentación entre los presentadores y
los espectadores de las películas, en una búsqueda por contribuir a
la formación de una sociedad (xalapeña) más crítica, razonadora y
exigente.
Por supuesto que tampoco
se hace la suposición de que únicamente el ejercicio de la
reflexión, a través de la exposición de los filmes y tesis de
antropología histórica, dejando las ideas en el aire, sea una
medida idónea para hacer una colaboración significativa con un
objetivo tan ambicioso. Por el contrario, como parte de las
actividades del cineclub, también se opta por aterrizar y compartir
públicamente los resultados obtenidos, por medio de la participación
en foros de ciencias sociales, o bien con la producción de textos
que se divulgan en diversos espacios.
Finalmente, retomando de
nueva cuenta la idea de que la Cultura es una estructura sujeta al
cambio, debido a infinitos factores histórico-sociales, cabe
resaltar que la más prudente manera en que el antropólogo histórico
puede acercarse a sus objetos de estudio es: tomando en cuenta que su
propia identidad constituye uno de esos factores, y procurando
incidir en ello a partir de una determinada ética. No se puede
arrancar una flor sin perturbar una estrella.
Con todo, una cadena de
símbolos, comprendida en un acontecimiento, un discurso, un
metarrelato, etc. puede influir tan enérgicamente en la conciencia
de las personas que cambie su manera de percibir la realidad en que
viven, y la manera habitual en que se presentan (representan) ante
esta, e incluso influir en el surgimiento de procesos que cambien el
comportamiento de grupos sociales enteros, y en una de esas hasta dar
pie a la producción de la utopía, cuestión que parece ser
sumamente necesaria en esta etapa tan decadente que atraviesan las
sociedades modernas.
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